viernes, 3 diciembre 2021
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Antón Totorikagüena, “El León de Markina”

Lucio Doncel

Mientras llevábamos a cabo este trabajo [“Deportes Tradicionales de Fuerza en España”] leímos un comentario en Internet que decía que para poder hacer cierta tarea (no recordamos cuál) había que ser tan fuerte como Iñaki Perurena y el “León de Markina” juntos. Nos llamó la atención la comparación, probablemente porque todavía no conocíamos a Antón. Poco después, Agustín Loidi nos confirmó este extremo (la tremenda fuerza del “León de Markina”) con una anécdota:

“Le hice una visita con motivo de un trabajo que estaba haciendo sobre Deportes Tradicionales. Cuando me marchaba, me encontré con que no podía sacar el coche de donde lo tenía aparcado. Lo había metido en un barrizal sin darme cuenta. Antón me hizo una seña para que no me bajase. Se acercó al coche, lo levantó un poco y lo empujó para sacarlo del barro. Salí de allí sin problemas. Me quedé totalmente asombrado de la fuerza que tenía este hombre. Había sacado el coche él sólo del barro, ¡y conmigo dentro!”.

Antón Totorikagüena es natural de Markina, donde nació en 1935. Desde muy joven se sintió atraído por los deportes de la tierra. Había antecedentes en su familia: uno de sus abuelos fue palankari (nos muestra una nota de prensa que hablan de él) y el otro barrenador. Cuando era “kintopeko” (antes de irse a la mili) probó con el Levantamiento de Piedra. También participó en pruebas de Soka-Tira, especialidad en la que se proclamó campeón tres veces en la categoría de peso libre.

Su debut en Gizon-Proba se produjo a los 17 años. Un “contraste de pareceres” entre vecinos del pueblo que surgió por aquello de que “si este chico era más fuerte que aquel, que si no”… Total, que una apuesta de por medio y los chavales a arrastrar la piedra. Ganó Antón.

“Lo de ‘León de Markina’ me lo pusieron tras una prueba que se disputó frente al café Arriaga, en Bilbao. Todavía no dominaba muy bien la técnica, pero ponía mucho amor propio y me servía para ganar a mis rivales. Me empezaron a llamar “León” y me quedé con ello para siempre”.

Como ha ocurrido en la mayoría de Deportes Tradicionales, y muy especialmente en los del País Vasco, cuando Antón empezó a arrastrar piedras la mayoría de las pruebas eran apuestas concertadas. Las competiciones llegaron más tarde. Para él esto es normal y no tiene nada de malo. Considera que la apuesta es necesaria para que este tipo de deportes salgan adelante. Va muy acorde con la forma de ser del vasco.

Del Gizon-Proba dice que se retiró a los 33 años, aunque luego hizo muchas “reapariciones” en pruebas de grupo. Le daba lo mismo competir en individual o en grupo; de esta manera cree que la última prueba la hizo con 56 años.

“En individual, la piedra más pesada que he arrastrado fue una de 1.200 kilos. Fue en un desafío contra ‘Polipaso’ en el que gané relativamente fácil. Con Agustín Unamunzaga y con ‘Sakoneta’ como compañeros arrastramos la piedra de 2.400 kilos en Nabarniz, sobre 1987. También lo repetimos en Ispaster”.

El Gizon-Proba ha cambiado mucho desde que empezó. Él no utilizaba protecciones como los arrastradores actuales. Lo hacía en alpargatas. Ha sufrido muchos golpes, roces y aplastamientos que le han costado uñas completas.

Lo considera un deporte de fuerza; especialmente exigente para las piernas y la cintura. Su estatura es de 1,81 metros y su peso en forma estaba sobre los 95 kilos, aunque ha llegado incluso a los 110 kilos.

En total, contando Gizon-Proba y pruebas con animales (bueyes y burros), calcula que habrá participado en unas 12.000 pruebas de arrastre.

“Yo trabajaba en el campo, pero me contrataban para el arrastre. Me pagaban por conducir a los animales. Algo parecido a un jockey en las carreras de caballos. Durante muchos años, de viernes a lunes hacía como mínimo una prueba; y muchos dos, tres y hasta cuatro”.

Tiene contabilizadas 552 actuaciones en 1980 y 591 en 1981. Nos muestra los reportajes del periódico que le hicieron a cuenta de ello. A los 59 años lo dejó definitivamente. Lo que nunca le ha abandonado es su fama de hombre fuerte. No es de extrañar, ya que es absolutamente merecida.

Si queréis leer esta y otras historias del mundo de la fuerza, podéis hacerlo en este libro Deportes Tradicionales de Fuerza en España (pinchando)

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