sábado, 30 agosto 2025
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El Powerlifting y su constante lucha por reconocimiento

Alba Sánchez
@albashezf

El powerlifting—también conocido como levantamiento de potencia—ha venido ganando terreno en los últimos años. Sin embargo, a pesar de contar con competiciones oficiales y campeonatos mundiales, el deporte aún enfrenta desafíos relevantes en su búsqueda de reconocimiento institucional y popularidad.

Uno de los avances más destacados fue su inclusión en los Juegos Mundiales de Chengdu 2025, celebrados en agosto en China. Por primera vez, la modalidad clásica (raw) del powerlifting formó parte del programa oficial, duplicando el número de medallas otorgadas en el evento. Esta participación marca hito en su visibilidad internacional.

La disciplina cuenta con instituciones consolidadas como la International Powerlifting Federation (IPF), fundada en 1972 y reconocida por la Asociación General de Federaciones Deportivas Internacionales (GAISF). Reúne federaciones de más de cien países y organiza campeonatos mundiales en varias modalidades, desde equipados hasta raw o bench press. Además, está alineada con agencias antidopaje como WADA.

A nivel de atletas, en España, una joven promesa como Elisa Albers Galindo logró bronce en el Campeonato Mundial Júnior en Malta, levantando 100 kg en sentadilla, 52,5 kg en banca y 117,5 kg en peso muerto. En Argentina, Emiliano Mansilla fue recientemente reconocido como siete veces campeón mundial, al vencer por séptima ocasión en Grecia (noviembre de 2024), consolidando su legado y visibilidad local. Estos logros exitoso evidencian el nivel competitivo y el potencial de proyección del powerlifting.

Sin embargo, pese a estos progresos, el deporte aún carece de ciertos reconocimientos fundamentales. En España, por ejemplo, el powerlifting no goza de reconocimiento oficial por parte del Comité Olímpico Español (COE), lo que implica que no está cubierto por programas de control antidopaje gratuitos, obligando a los deportistas y asociaciones a financiar estas pruebas por cuenta propia. Asimismo, como cuenta Alberto Herráiz, campeón mundial español, “vemos muy complicado que podamos entrar en los JJOO mientras dure mi carrera deportiva”; destacan barreras como la falta de reconocimiento estatal, de ayudas institucionales, y la falta de recursos y visibilidad.

Incluso en comunidades deportivas, se percibe cierta percepción desfavorable: como señala una powerlifter española, pese a su pasión, debe costear todos sus desplazamientos y alojamiento; “el powerlifting no se considera deporte” –una frase que refleja la invisibilidad que aún padece.

En síntesis, el powerlifting ha logrado avances significativos: su inclusión en los Juegos Mundiales, presencia en campeonatos mundiales y estructuras federativas consolidadas. No obstante, enfrenta aún importantes retos en su lucha por reconocimiento oficial, financiación, visibilidad mediática y oportunidades en eventos olímpicos. Su camino hacia el estatus de deporte con apoyo institucional es una conquista colectiva –de atletas, federaciones y comunidades—que está en marcha y merece atención.

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