viernes, 5 marzo 2021

Natxo Mena, el último «alzador» de sacos

Lucio Doncel

Si cada deporte tiene un icono, en la Alzada de Sacos este no puede ser otro que Ignacio Mena Ederra. Se podría decir más aunque parezca exagerado: sin Natxo (y su hermano Alberto) este deporte habría dejado de existir como tal bastante tiempo antes. Y, tristemente, la exageración brilla por su ausencia; los hermanos Mena eran hasta hace poco el último bastión de una práctica que goza de bastante más de un siglo de antigüedad.

“Ahora sólo hacemos exhibiciones y pocas. No hay futuro. Hay mucha gente con posibilidades de hacer algo serio, pero no terminan de decidirse. Esto no está pagado y, lo que es peor, no hay ayudas de ningún tipo. Más bien todo lo contrario”.

Esto nos lo contaba a finales de 2006, año que, decía, era el de su retirada. Tratamos de animarle, pero se mostraba muy desilusionado. Estaba cansado y aburrido de tener que sortear trabas y zancadillas constantemente. Desgraciadamente, el tiempo ha confirmado esa retirada y no hemos vuelto a ver a Natxo y a Alberto Mena en exhibición.

Nació en Ejea de los Caballeros el 23 de octubre de 1967. Era muy joven cuando empezó a enfrentarse a los sacos. Sus primos Pedro, Moisés, Servando y Pascual (los hijos de Pedro Benavente), que fueron pioneros en los Deportes Tradicionales Aragoneses, le servían de ejemplo. De naturaleza fuerte y agricultores de profesión, se dedicaban a la Alzada de Sacos intensamente. Pedro era el que alzaba los más pesados y Moisés el más rápido.

Natxo trataba de aprender con ellos, pero se fijaba también en otros alzadores mayores que creía que hacían las cosas bien. Cuando caía algún vídeo en sus manos lo veía una y otra vez, estudiando sobre todo a los mejores. Su debut en competición ocurrió cuando apenas contaba 16 años.

“Fue en Ejea. Locura de juventud. Aun así quedé mejor que otros expertos del momento. Fui sexto. Me costó tres minutos levantar los doce sacos. Recuerdo que el vencedor terminó en 57” y que otros dos empataron”.

Con mucho esfuerzo se fue haciendo un hueco entre los mejores. Su primera exhibición, junto a José María Arilla, fue en Grisén, el 19 de noviembre de 1989. Empleó 47” para completar la prueba “a tiempo”, y consiguió 142 kilos en la “alzada libre”. Por aquellos años solía quedar segundo o tercero en las exhibiciones y competiciones que se hacían. Desde 1992 siempre ha sido primero. Se considera sobre todo un alzador técnico y al entrenamiento de esta faceta es a la que presta mayor atención.

“La técnica tiene una importancia capital. Todo tiene que ir muy bien acompasado, los movimientos tienen que ser milimétricos. Diría que la técnica constituye el 80% de una buena alzada”.

Acorde a esta forma de pensar, siempre ha ordenado sus entrenamientos de acuerdo con la premisa “técnica ante todo”. Es más, asegura (y estamos de acuerdo con él) que se puede empezar a trabajar con el saco a edades muy tempranas manteniendo como único objetivo el aprendizaje de la técnica. Para empezar a tocar grandes pesos, en cambio, es necesario esperar a que el joven tenga una buena base física y, principalmente, que esté más formado; más “hecho”.

En estos años de dedicación a la Alzada de Sacos Natxo ha conseguido unos registros excelentes. En la modalidad “a tiempo” ha logrado detener el reloj a los 22”; en la de “tú a tú”, su preferida, se ha ido hasta las 26 alzadas con 100 kilos; en la de “transporte” ha llevado los doce sacos durante diez metros en dos minutos; la “alzada libre” la ha completado con el saco de 159 kilos.

Sus inquietudes deportivas no se han detenido ahí. Ha practicado balonmano, fútbol-sala, rugby y musculación. Piensa que tenía buenas cualidades para la halterofilia. También ha hecho sus pinitos en deportes tradicionales como el tiro al palo, la pica, el Tiro de Barra. En esta última especialidad compite en segunda categoría, habiendo llegado a alcanzar una marca oficial de 14,83 m. Con ese tiro se impuso en la primera fase del Campeonato de Aragón de 1991, pero luego fue superado por Pablo Martínez que se fue hasta 15,02 m.

Este lanzamiento de Natxo no ha sido algo esporádico, ya que en varias ocasiones ha rondado los 15 metros. Nada mal si tenemos en cuenta que su estatura es de 1,72 m. y de que su peso corporal en su mejor momento no superaba los 85 kilos. Otro de sus logros ha sido un levantamiento de yunque de 185 kilos.

A lo largo de su andadura ha conocido a gente fuerte, pero recuerda especialmente a un ruso que se encontró en Caspe (Zaragoza). Le vio levantar un saco de 155 kilos, solamente cogido del palo, de arriba abajo y sin que le tocase el cuerpo. O cuando José María Arilla levantó una piedra de 100 kilos que le había ofrecido Iñaki Perurena, pero éste rechazó intentarlo con el saco de 170 kilos.

“La anécdota más curiosa nos sucedió en Ontiñena (Zaragoza). Tras la exhibición dejamos un saco de 155 kilos sobre una rueda que tendría más de medio metro de altura. Viéndolo allí, se acercó un espectador y lo levantó. Era, desde luego, un hombre fuerte, pero la gente al ver aquello empezó a reírse de nosotros. Nos acusaban de no haber hecho nada. Bajamos el saco al suelo y le dijimos que lo levantase desde ahí. Lo intentó cinco o seis veces pero no puedo ni siquiera despegarlo”.

Ha compartido competiciones y exhibiciones con un buen número de alzadores. Considera que José María Arilla ha sido el mejor que ha habido (“además de buen compañero”), pero también cree que han destacado Luís Ciudad, Félix Gallizo, Moisés Benavente y su hermano Alberto. No es muy optimista respecto al futuro de su deporte, pero no niega su mano a posibles aspirantes a alzadores.

“Si alguien quiere animarse sólo puedo decirle que va a ser duro y que va a sufrir. Pero si le gustan los retos, aquí tiene uno y de los más difíciles. También puedo asegurarle que no le va a faltar el apoyo de los hermanos Mena”.

Si queréis leer esta y otras historias del mundo de la fuerza, podéis hacerlo en este libro Deportes Tradicionales de Fuerza en España (pinchando)