miércoles, 29 abril 2026
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Cuando lo “saludable” se va de las manos: el exceso de vitamina D

Alba Sánchez
@albashezf

La vitamina D está de moda. Seguro que la has escuchado mil veces: que si refuerza el sistema inmune, que si mejora el estado de ánimo, que si es clave para los huesos… Y todo eso es cierto. Pero hay un detalle importante que casi nadie menciona: tomarla sin control también puede ser un problema.

Porque sí, incluso algo “bueno” puede volverse en tu contra.

La vitamina D no funciona como otras vitaminas que el cuerpo elimina fácilmente si te pasas. Es una vitamina liposoluble, lo que significa que se acumula en el organismo. Y aquí empieza el lío.

Cuando se acumula en exceso, el cuerpo entra en un estado llamado hipervitaminosis D. No es algo que ocurra por tomar el sol o por la alimentación normal. En la gran mayoría de casos, sucede por suplementación excesiva durante semanas o meses.

¿Y qué provoca exactamente?

El punto clave vuelve a ser el calcio. La vitamina D aumenta su absorción, así que cuando hay demasiada, el calcio en sangre se eleva más de lo normal. Este desequilibrio puede parecer algo sin importancia al principio, pero no lo es.

Los síntomas iniciales suelen ser muy poco específicos:

  • Cansancio constante
  • Falta de apetito
  • Náuseas
  • Dolor de cabeza
  • Sensación de debilidad

Es fácil pensar que es estrés, falta de descanso o cualquier otra cosa. Por eso muchas veces pasa desapercibido.

El problema llega cuando ese exceso se mantiene en el tiempo.

Ahí es cuando pueden aparecer complicaciones más serias. Los riñones son de los más afectados, pudiendo desarrollar cálculos o incluso daño renal. También pueden producirse depósitos de calcio en tejidos blandos, algo que no debería ocurrir y que puede afectar al sistema cardiovascular.

Y aquí viene algo importante: no necesitas dosis altísimas para que esto ocurra, especialmente si las mantienes durante mucho tiempo sin control.

Muchas personas toman suplementos de vitamina D “por prevención”, sin saber si realmente tienen un déficit. Y aunque la intención es buena, no siempre es una decisión acertada.

De hecho, en personas sanas con niveles normales, no se ha visto un beneficio claro en tomar suplementos de forma indiscriminada. Es decir, no es una especie de atajo para mejorar la salud porque sí.

Entonces, ¿qué es lo sensato?
Primero, entender que la vitamina D no es un extra obligatorio, sino algo que se debe ajustar según cada persona. Factores como la exposición al sol, la alimentación o incluso la época del año influyen mucho.

Segundo, si tienes dudas, lo más lógico es comprobar tus niveles con una analítica. A partir de ahí, ya decides (con ayuda profesional) si necesitas suplementarte o no.Y tercero, si ya la estás tomando, revisa bien la dosis. Hay suplementos en el mercado que superan con facilidad lo recomendado para el día a día.

En resumen, la vitamina D es necesaria, sí. Pero no es inocua en cualquier cantidad.

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