Alba Sánchez
@albashezf
Hoy en día es muy fácil encontrar información sobre alimentación saludable, pero también es muy fácil encontrar muchos mitos. Basta con abrir redes sociales para ver consejos contradictorios: que si los carbohidratos engordan, que si hay que eliminar el gluten, que si comer por la noche es malísimo. Como deportista, me he dado cuenta de que muchas de estas ideas se repiten tanto que parecen verdad, aunque en realidad la ciencia dice algo bastante diferente.
Uno de los mitos más extendidos es que los carbohidratos engordan. Durante años se han señalado como los principales responsables del aumento de peso, pero la realidad es más simple: lo que hace que una persona gane peso es consumir más energía de la que gasta, independientemente de si proviene de carbohidratos, grasas o proteínas. Los carbohidratos son, de hecho, la principal fuente de energía del cuerpo, especialmente cuando hacemos deporte. Alimentos como el arroz, la pasta, las patatas o el pan aportan glucosa, que es el combustible que utilizan los músculos durante el ejercicio. Por eso muchos deportistas basan buena parte de su dieta en este tipo de alimentos.
Otro mito muy repetido es que comer por la noche engorda más. Mucha gente piensa que si cenas tarde el cuerpo “acumula” automáticamente esas calorías en forma de grasa. Sin embargo, el cuerpo humano no funciona con un reloj tan simple. Lo que realmente influye en el peso corporal es el balance total de calorías a lo largo del día o incluso de varios días. Si una persona come lo mismo pero cambia el horario de las comidas, el efecto sobre el peso suele ser prácticamente el mismo. Lo que sí puede ocurrir es que algunas personas tiendan a comer más cantidad o alimentos menos saludables por la noche, pero el problema no es la hora, sino el conjunto de la dieta.
También existe la idea de que para comer sano hay que eliminar muchos alimentos. En redes sociales es muy común ver dietas que proponen eliminar el gluten, los lácteos o el azúcar de forma radical. En realidad, salvo en casos médicos concretos —como la celiaquía en el caso del gluten o ciertas intolerancias— no hay evidencia de que una persona sana tenga que eliminar estos alimentos para estar saludable. La mayoría de guías nutricionales coinciden en que lo más importante es mantener una dieta variada, con alimentos poco procesados como frutas, verduras, legumbres, cereales, frutos secos y fuentes de proteína.
Otro mito bastante popular es que los alimentos “detox” ayudan a limpiar el cuerpo. Zumos, batidos o dietas que prometen “desintoxicar” el organismo aparecen constantemente en internet. La realidad es que el cuerpo humano ya tiene sistemas muy eficaces para eliminar sustancias de desecho: el hígado, los riñones, los pulmones y el sistema digestivo. Estos órganos trabajan continuamente para mantener el equilibrio del organismo. No existe evidencia científica de que los productos detox aceleren este proceso en personas sanas.
Algo parecido ocurre con la idea de que las grasas son malas. Durante décadas se pensó que la grasa era el enemigo número uno de la alimentación saludable. Sin embargo, hoy sabemos que el cuerpo necesita grasas para muchas funciones importantes, como la producción de hormonas o la absorción de ciertas vitaminas. El punto clave no es eliminar las grasas, sino elegir bien su origen. Las grasas presentes en alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos, el pescado o el aguacate forman parte de patrones de alimentación asociados con una buena salud.
También es bastante común escuchar que para comer sano hay que seguir dietas muy estrictas. Desde mi experiencia como deportista, muchas veces la gente piensa que todo tiene que ser perfecto: nada de dulces, nada de comidas “fuera del plan” y todo pesado al milímetro. Pero la realidad es que la alimentación saludable no suele funcionar así en la vida real. La mayoría de especialistas coinciden en que una dieta equilibrada se basa más en los hábitos que en la perfección. Comer bien la mayor parte del tiempo suele ser mucho más importante que intentar hacerlo perfecto siempre.
Al final, cuando uno revisa lo que dice la ciencia, la alimentación saludable parece bastante menos complicada de lo que muchas veces se muestra en internet. Comer alimentos variados, priorizar productos poco procesados, incluir frutas y verduras con frecuencia, consumir suficiente proteína y adaptar la alimentación al nivel de actividad física suelen ser principios bastante claros.
Quizá el mayor problema hoy en día no sea la falta de información, sino el exceso de información contradictoria. Por eso, muchas veces lo más sensato es desconfiar de las soluciones milagro o de las dietas extremas. En la mayoría de casos, la base de una buena alimentación es mucho más simple de lo que parece. Y como deportista, lo que más he aprendido con el tiempo es que comer bien no significa comer perfecto, sino encontrar un equilibrio que se pueda mantener a largo plazo.




